Buena Estrategia Mala Estrategia Richard P R Link Now
El aporte más práctico del libro es el concepto del . Independientemente del tamaño de la empresa o de la industria, toda buena estrategia debe contener tres elementos esenciales:
Listas masivas de tareas pendientes o prioridades en conflicto que diluyen el esfuerzo de la organización en lugar de concentrarlo. El Núcleo (The Kernel) de la Buena Estrategia buena estrategia mala estrategia richard p r link
En el mundo de los negocios, la palabra "estrategia" se usa tanto que ha perdido su significado original. Se confunde con ambición, visión, metas financieras o, peor aún, con palabras de moda que no dicen nada. En su obra maestra Buena Estrategia, Mala Estrategia ( Good Strategy/Bad Strategy ), Richard Rumelt corta este ruido con precisión quirúrgica. Su mensaje es claro: la mayoría de lo que las organizaciones llaman estrategia es, en realidad, una mala estrategia. El aporte más práctico del libro es el concepto del
Para Rumelt, una buena estrategia es sorprendentemente simple, directa y se centra en canalizar la energía y los recursos hacia un punto de quiebre específico donde se pueda obtener la mayor ventaja. Se confunde con ambición, visión, metas financieras o,
Antes de sumergirnos en su obra, es importante reconocer la autoridad de quien habla. Richard P. Rumelt es profesor emérito de la UCLA Anderson School of Management y doctor por la Harvard Business School. Su trayectoria incluye asesorías a gigantes como Shell y organismos gubernamentales. Ha sido catalogado como "el estratega de los estrategas" por McKinsey Quarterly y figura en la prestigiosa lista de los 25 pensadores vivos más influyentes en management según The Economist .
La definición de Rumelt es lapidaria: . Una buena estrategia reconoce honestamente los retos a los que nos enfrentamos y proporciona un enfoque para superarlos".
En el universo de la gestión y el liderazgo, pocas ideas son tan claras y necesarias como las expuestas por Richard P. Rumelt en su obra seminal. La tesis central es demoledora en su simplicidad: la gran mayoría de las organizaciones no sufren de una falta de estrategia, sino de una "mala estrategia".
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